miércoles, 19 de abril de 2017

Se estrena EL PADRE, la impudicia en estado puro.


Una sabía que iba a llegar el día. Una intentaba prepararse para eso. Pero no hay caso. No hay preparación posible.

Se ha anunciado el estreno del espectáculo "El Padre", de August Strindberg, dirigido por marcelo velázquez. Y el dolor recrudece. La presencia de lo horrible se hace carne. No voy a nombrar a los integrantes, no vale la pena. Cualquiera que se interese puede buscar y saber.

A pesar de las muchas voces amigas que me han aconsejado en este tiempo "soltá" "olvidate" "no pienses más en eso", la cabeza se me piensa sola -como decía mi hermana-.

De verdad que lo he intentado. Eso de "soltar" y "olvidar", digo. Pero, el puñal vuelve a sentirse en el centro del pecho y me ahogo si no digo algo. Por eso decido decirle a quien quiere leer, a quien quiera oir, que ese espectáculo está basado sobre un caso de violencia laboral, sobre lo lacerante de un abuso de poder, sobre la infinita pena que causa una injusticia con complicidad y apoyo de unos cuantos.

Yo no pedí estar ahí. Me llamaron, me ofrecieron, (me llamó y me ofreció marcelo velazquez) y luego los integrantes que ya habían sido convocados manifestaron enorme alegría cuando dije que sí. Al menos eso me dijeron y tengo mensajes de voz y mails que lo prueban. Y le puse mucho esfuerzo. Horarios de ensayo, estudio de letra, trabajo en casa, expectativas. Y de la noche a la mañana (en este caso de la mañana a la noche) sin previo aviso, sin motivo explícito, sin que mediara una palabra de alerta, el director me mandó un mail diciéndome que me echaba del espectáculo. Recurrí en primer lugar a mis compañeros de elenco. Las pocas respuestas que obtuve fueron que "no sabían nada y por lo tanto no sabían qué decir", palabra más palabra menos. O alguna mediocre manifestación de "lamentarlo". No hubo manera de que alguien convocara a una reunión de la cooperativa conformada de hecho y de palabra para que me explicaran los motivos. Acudí entonces, como me aconsejaron muchos, a la Asociación Argentina de Actores -de la que soy socia 11.576-  a denunciar la injusta separación del proyecto. Allí me dijeron que no podían hacer nada porque la cooperativa no estaba presentada oficialmente. Sin embargo, unas semanas más tarde, la Secretaría Gremial de esa Institución me informó por carta fechada el 8 de marzo -vaya día- que "en el conflicto laboral que se suscita entre usted y la cooperativa en cuestión, le comunicamos que los integrantes de la sociedad accidental de trabajo mediante nota presentada ante la secretaría gremial manifiestan estar de acuerdo con la decisión tomada por el director" (sic - firma el prosecretario gremial Carlos Berraymundo). O sea que sí existía "la cooperativa en cuestión". O sea que sí había "una sociedad accidental de trabajo". O sea que sí se podía hacer algo. Al menos se podía hacer que me aclaren el por qué de dicha decisión. Ya que mis compañeros de elenco estuvieron de acuerdo creo que yo tenía el derecho a conocer las razones. Valga decir que nunca ví la carta presentada por “los integrantes de la sociedad accidental de trabajo” a la AAA, ni me detallaron qué es lo que allí explicaron. Como nunca más tuve noticia de ninguno de ellos.

Menciono la fecha de la nota de la A.A.A. y pongo  “-vaya fecha-“ porque todos sabemos que ese es el  Día Internacional de la Mujer Trabajadora, un día ícono en la lucha por los derechos de la mujer y por la lucha contra la violencia de género. Creo que esta situación vivida por mí vulnera mis derechos como trabajadora y es un caso de maltrato laboral y abuso de poder. Cosa de la cual el Sindicato al que estoy afiliada hace más de 30 años, y del que he sido parte de su dirigencia en dos periodos, no supo y/o no pudo defenderme.

Me parece fundamental decir que comprobé que hay que temerle al abuso de poder y al poder del abuso. Porque el abuso de poder genera injusticias y el poder del abuso genera mucho dolor y tiene aristas incalculables. Y hay que temerle porque la lucha contra ese abuso y ese poder no estaría dando mucho resultado. Porque sigue sucediendo. Y las víctimas quedamos muy solas y desamparadas. Sí, me enarbolo en víctima porque de hecho ese espectáculo se estrena y yo no estoy en él y nadie, absolutamente nadie, me explicó por qué.

Me he ido enterando, porque este medio es muy pequeñito (pequeñito en varios sentidos), de cosas que han dicho. Mentiras. Todas mentiras. Pero esas mentiras han sido creídas por gente que yo quería y respetaba (suponiendo que era genuinamente correspondida) y esa gente dejó de saludarme, o me borró de sus redes sociales o me mandó indirectas que de tan directas fueron espadazos por la espalda. Es curioso cómo en esta sociedad es la víctima la que tiene que dar explicaciones. Me he visto, y me sigo viendo, en la obligación de explicar que son mentiras lo que dicen, de aclarar que no hice nada, y de solicitar que no me pidan "silencio". Porque el silencio condena a la soledad y al olvido.

Noches de insomnio, ataques de ira, convulsiones de llanto, pesadillas, desconfianza, desánimo, sensación de exposición extrema, sensación de soledad extrema, agobio, sensación de ahogo, ganas de dormir y no levantarme, ganas de irme, ganas de no volver a subirme a un escenario, ganas de subirme a un escenario a contar todo esto, escepticismo extremo, incredulidad mayúscula, desánimo, furia, ardor en el pecho, dolor en el pecho, ganas de gritar, ganas de callar, mareos, contracturas, desesperanza. Todo eso. Extremas emociones. Agotadoras.

Y el tiempo pasa, sí. Y acomoda, sí. Pero, ¿en qué lugar guardar tantas horribles sensaciones? ¿En qué lugar del mapa emocional quedarán impresas?

A los que me han puesto oreja y hombro: gracias. ¡GRACIAS! No tienen idea de lo que han significado en este tiempo.

A los que me han dicho "queeee raroooooo"... revisen.

Y a los traidores: mi repudio permanente. Sé que me leen... lo han dejado bien claro en este tiempo.

Una sola cosa más: he escuchado muchísimas historias parecidas. Todas mujeres. No creo que sea casualidad.


domingo, 16 de abril de 2017

Ceremonia de un viernes santo...

Costumbres y ceremonias.
Recuerdos y legados.
Creencias y pecados.
Homenajes y herencias.
Festin de la no carne. Pescados.
Nuestro viernes santo encarna toda la santidad que somos capaces. Bien sincera, bien honesta. Una santidad humana. Esa santidad que nos otorga la licencia de usar nuestras herramientas y hacer.
Salmón marinado casero que simula esos peces repartidos. Ostiones gratinados a la parmesana reemplazando las hostias, hechas en nuestros propios platos. Tarta gallega que trae los olores de nuestros ancestros, amasada en nuestra propia masa. Lo que sabemos hacer y lo hacemos, con nuestras manos y esfuerzos, para agasajarnos la vida. Brindando con burbujas que nos divierten y nos embelesan.
Nuestro homenaje a los cristos y cristas que mueren y resucitan a diario en nuestra tierra. A los cercanos, a los cotidianos. A los imitadores de Aquel, que en su andar ayudan y se sacrifican.
Y todos tienen a su Pedro y a su Judas.
Pedro que se equivoca y es perdonado. Judas que traiciona y es condenado.
¿De qué lado estás?
Nosotros intentamos estar del lado de Pedro. Con todos sus errores y toda su bondad. Con su pecado y su arrepentimiento. Sin mentiras ni hipocresías. Sin puñales arteros.
Vos, que sos tan creyente y tan rezador y bendecidor, cuidate de tus traiciones. Porque los pecados se perdonan pero las traiciones se condenan.
Con creencias o sin creencias todos sabemos, un poco más, un poco menos, qué es lo que está bien y qué lo que está mal.
Y nosotros, en nuestro estar bien nos permitimos estar bien. Y en nuestro estar mal, también nos permitimos estar bien. Y crearnos nuestro propio viernes santo echando mano a toda la beatitud que nos asiste.
Y comemos y reimos y gozamos. Y brindamos. Y en ese brindis homenajeamos. Con toda la honestidad de la que somos capaces. Homenajeamos. A todos nuestros cristos y cristas. En el mejor sentido de la vida. Esos y esas que reparten todos los días panes y peces en busca de un mundo mejor. Y también a esos y esas que ruegan por un mendrugo que les calme el hambre.
Nos permitimos ser felices como podemos. Y cuando podemos. Usando lo que sabemos para hacer lo que nos es dado. Si podemos lo compartimos y duplicamos felicidad. Y si no lo disfrutamos en soledad, que no es soledad alguna porque vienen con nosotros todos nuestros ausentes.
Acá estamos.
Despidiendo un viernes santo y desputando un sábado de gloria.

Felices Pascuas. La casa NO está en orden...

Hace 30 años despuntaba oscuro aquel sábado de gloria.
30 años.
Oscuro.
Con lluvias y miedos.
El cielo diluviaba y el país amenazaba.
30 años.
La democracia recién nacida estaba en riesgo y todos estábamos en vilo.
Actores, que por aquellos años tenía gran representatividad en el mundo cultural y defendía los derechos y velaba por las obligaciones de sus afiliados, había decretado asueto en repudio de lo que estaba sucediendo.
30 años.
Los Mockinpotts llamamos al country que nos había comprado una función para confirmar que suspendíamos la actividad por "las razones de público conocimiento".
"Hagan como quieran, se escuchó del otro lado de la línea, pero tengan en cuenta que en la cláusula "tal" dice claramente que si ustedes suspenden la función por la razón que sea, deben abonarle al country la suma de 5 funciones en resarcimiento".
Y así era...
30 años.
Pasado mediodía fuimos a buscar la escenografía a "La Barraca" y entre ofuscados, asustados y preocupados, emprendimos el viaje hacia Pilar , al country "Las brisas". En dirección contraria nos cruzaban tanques y camiones militares en cantidad como para iniciar una guerra.
30 años.
Nervios. Miedo.
Llegamos, armamos el espacio, y cuando estábamos por comenzar la función nos dimos cuenta de que en el apuro y el desconcierto nos habíamos olvidado de algunos elementos escenográficos que ponían en riesgo la coherencia del espacio escénico.
Yo empecé, un poco por nervios y otro poco porque era cómico, a tentarme. En medio de la función algunas situaciones se pusieron muy disparatadas y mi tentación me llevó a un estado de desasosiego. Y cómo dice Darin: "tentarse no es reír sino la fuerza que uno hace por no reír". Llegó la desmesura, se me descontrolaron los esfínteres y me hice pis. Sí. Me meé en el escenario. La función terminó como se pudo.
30 años.
Los espectadores no habían entendido un pomo (Mockinpott en ese country era casi un oximoron") pero se acercaban a felicitar simulando porque el nuestro era "el espectáculo off del momento". Yo seguía riéndome sin que nadie pudiera controlarme.
30 años.
Desarmamos y huimos lo más rápido que pudimos. Lo único que queríamos era llegar a Capital y saber cómo estaban las cosas. Pasamos la noche todos juntos,,o al menos la mayoría, en casa de una compañera que justo ese día cumplía años. Y a la mañana temprano nos fuimos a Plaza de Mayo.
La Pascua amanecía nublada. La expectativa era feroz.
30 años.
Yo tenía a mi lado a Alejandro Mateo cuando el Presidente salió al Balcón, ovacionado por una inmensa multitud.
30 años.
"Felices Pascuas", dijo. Y hubo otra ovación. "La casa está en orden", dijo. Y hubo un silencio. Y habló de reconciliación y de héroes de Malvinas y yo miré a Alejandro y le pregunté: "¿nos está cagando, no?". Y me dijo sí. Y nos sumamos al silencio y la tristeza.
30 años.
Salimos de esa Plaza desanimados. Y vivimos desanimados mucho tiempo...
Y seguimos preguntándonos qué hubiera sucedido si no hubiera sido así.
Nunca lo sabremos.
30 años.
En esta "semana santa" se cumplen 30 años de aquella. Tan histórica.
Fue un 19 de abril de hace 30 años, en una Semana Santa que nada tuvo de Santa y en una pascua que nada tuvo de feliz, a pesar de la esperanza.
La noche anterior yo me meé de risa en un escenario. Y al día siguiente me cagué de bronca en una plaza repleta que apoyaba a un presidente que no pudo con tanto.
Sé todo. Sé que no era fácil y que estaba presionado. Pero me sigo preguntando si no hubiera sido más fácil poner, de verdad, en orden la casa luego de haber enfrentado a los traidores de la Patria.
30 años.
La casa no está en orden. Como en aquel momento. Aunque ahora también intenten mentirnos diciéndonos lo contrario.

sábado, 8 de abril de 2017

MICAELA GARCÍA. Y las otras 360 por año


La muerte, impostora, fue cómplice de la mano asesina.
La muerte, altarnera, ejercitó con las riendas del diablo para llevarnos con ella. Llevarnos, sí. Porque la muerte, soberbia, se instaló en cada una de nosotras, matándote.
La muerte, sorda, no se apiadó de nuestro aullido desesperado cuando vos desplegaste las fauces para emitir el bramido atormentado que te calló para siempre.
Porque todas aullamos con vos, berreamos con vos, gritamos con vos. Porque todas somos vos. A todas nos matan con tu muerte. Todas estamos sucias del barro en el que te enterraron, dejándonos andrajos de vos al descubierto.
Porque todas fuimos arrastradas, violadas y asesinadas con vos aunque algunas sigamos respirando.
Porque algunas sólo nos salvamos de la muerte pero tu muerte nos mata el aliento y nos redobla la fuerza.
Porque todas somos una aunque nos quieran convencer de lo contrario.
Todas y cada una estamos vestidas con la tempestad del semen feroz que te dejó sin aire. Todas y cada unas llevamos tu soledad a cuestas. Todas somos tan solitas como vos allí, asesinada en la hiel de una noche que de tan noche ya no tendrá día. Junto a vos y a nosotras también quedamos solas y asesinadas Ángeles Rawson, Wanda Taddei, Lucía Candela Rodrguez, Teresa Quiroga, Lucìa Pérez, Lucía Argüello, Marta Lanzetti, Agustina Salinas, Romina Ríos, Daiana García, y tantas tantas tantas que somos las que venimos muriendo con nombre y sin nombre y nos mencionan regodeados sólo con un número: 360 por año, como mínimo.
Somos vos, Micaela. Y no lo somos. Porque somos también todas las otras y, a la vez, tampoco. Porque éstas que somos seguimos vivas, y asesinadas al mismo tiempo.
Somos vos y no lo somos.
Porque vos y sólo vos y en vos todas las otras vistieron la túnica del horror con que las vistió el verdugo. Y aunque los jirones de esa vestidura nos eleve a la estatura de tu sufrimento sos vos y todas las otras las que han muerto enmudecidas.
Y no hay palabras y hay todas las palabras. Y no hay lágrimas que alcancen porque en cada una de ustedes, asesinadas, hay un péndulo de lágrimas que no cesa.
Una gotera de sangre me ensucia la cabeza, el corazón, el alma. Y no coagula. Se ensancha con tu muerte y con la que vendrá mañana.
Hasta cuándo.
Micaela García.
En vos a todas “las menos” de antes. Y a “las menos” que vendrán, inevitablemente.
Porque parece ser inevitable la injusticia de esta tumba profanada y femenina en que se ha ido convirtiendo el mundo.
(Stella Matute - 8 de abril, 2017)

miércoles, 5 de abril de 2017

Y Almendra está aquí



He pensando y pensado... He ido y venido en un mar de palabras que he dejado navegar hacia el olvido. O hacia la ausencia.
Pero se me impone escribir sobre este tsunami de emociones que provoca el nacimiento de Almendra.
La bella Almendra.
La continuidad de la continuidad de la continuidad. Almendra es la primera hija de la hija menor de Delia. Y Delia navega omnipresentes en el mar de las palabras no dichas. O dichas con miradas, con lágrimas, con abrazos, con sonrisas. Porque Delia no está y es increíble que no esté para disfrutar de esta nieta exquisita que la vida le trae. Y a la vez está. Imposible que no esté.
Ella y su sabiduría. Ella y su sonrisa. Ella y su presencia. Ella y su absurda ausencia.
Almendra remite al nacimiento de Meli, su madre.
Allá... en Lanús. Tan lejos y tan ayer
La menor.
Almendra es en términos de género "la primera nieta de Delia". Prima de Camilo, su primer nieto.
No quiero. De verdad no quiero poner ni una cuota de mi eterna melancolía y mi inevitable nostalgia sobre un hecho que colma de felicidad.
Pero la felicidad no es completa si no se nombra a todos sus integrantes.
Y Delia es hoy, en el nacimiento de Almendra, una integrante imprescindible.

(5 de abril de 2017)

Silvia, mi cuñada


La que está entre Delia y mi madre (la segunda mirando de izquierda a derecha), es Silvia, mi cuñada.
Y digo mi cuñada porque lo sigue siendo aún cuando ya hace mucho tiempo que está separada de mi hermano.
Digo mi cuñada porque es mi forma de decirle Hermana.
Yo tenía 15 años cuando la conocí y al poco tiempo ella fue quien me hizo tía, pariendo a María Guadalupe, mi primera sobrina.
Ella fue quien se quedó conmigo en el caserón sanrafaelino cuando toda la familia se instaló en Buenos Aires por la enfermedad que finalmente le quitó la vida a mi padre.
Ella fue quien hizo todos los trámites para el velatorio de mi madre, muchos, muchísimos años más tarde.
Mujer sufrida, luchadora, guerrera.
Tengo con ella mil diferencias. Y con esas diferencias hemos construido un vínculo fraternal que no tiene fin. O al menos así lo vivo yo.
Ella es mi cuñada.
Hoy cumple 70 años.
Y yo le deseo lo mejor. Hoy y siempre.
Y aprovecho para agradecerle. Por todo.
Por todo.

(5 de abril de 2017)

domingo, 12 de marzo de 2017

Lo Divino, lo Sagrado, lo Sublime. Gracias, Cataratas


El poema “Como hoy” me fue dedicado en julio de 1988. En ese tiempo, Delia con sus palabras y su presencia me rescataba de una crisis. Como tantas veces antes, como tantas veces después. Ese largo y sanador poema termina diciendo:

Si de morir vivimos
no vivamos muriendo,
vivamos de entregarnos...
Clavemos las pupilas
en quien quiera mirarnos,
apretemos la palma
de la mano que pasa,
que escuchen nuestros gritos,
susurros o palabras...
Que se jodan la Muerte,
el Silencio y la Nada...

(para Stella - 1988)
MARÍA DELIA MATUTE

Todavía tengo su original manuscrito. 

En aquel momento, todavía por dentro de un estado de shock yo intentaba preparar un bolso para “irme a Cataratas”. Yo no recuerdo ese episodio, pero Delia y mi amigo Marcelo me lo contaban riendo. Decían que muy seria yo intentaba decirles lo imprescindible que era para mí irme a Cataratas mientras ellos intentaban disuadirme de la irrealizable decisión. Yo no conocía Cataratas y cuando me lo contaron me quede muy intrigada de por qué algo me impulsaba a ese destino en un estado de crisis.
Unos meses más tarde, en marzo de 1989, mi entrañable amigo Daniel Retamar me invitó a viajar con él para que conociéramos juntos lo que a mí me invitaba a conocer mi inconsciente. Un encuentro con lo sagrado, lo divino y lo sublime fue lo que me sucedió al asomarme a ese universo de aguas, verde, mariposas, animales, bichos, cielo y sonido. No me alcanzaba el cuerpo con todos sus sentidos para abarcar tanto. Fue una explosión de sensaciones. Un encuentro con mi dios, y también con mi demonio. Bien entendí por qué sin saber ya sabía que allí estaba la expresión más clara que la Naturaleza podía darme sobre lo que me había sucedido unos meses atrás. La vida y la muerte fusionadas en la intersección entre lo posible y lo imposible.
Dani me miraba conmovido mientras yo en íntima ceremonia me saqué la remera y la arrojé para que la Garganta del Diablo se la tragara. Me tragara. Intima ceremonia de exorcizar la muerte para recibir la vida que ya latía en mi adentro.

Él, Dani, también ya peleaba mano a mano para no volver demasiado pronto a Ser.

Así fue “mi conocer” Cataratas. A punta de estallido emocional.

Nos prometimos con Dani volver juntos a ese Encuentro. Pero no pudo ser. La muerte se lo llevó nueve años después, demasiado temprano para su intensa y revolucionaria vida.

A mi regreso la chala con Delia fue nutritiva. Para mi y para ella que disfrutaba de mi alegría y mi relato. También nos prometimos ir juntas algún día y tampoco pudo ser. Desaveniencias de los tiempos.

Pasaron veintiocho años y frente a otra crisis que tiñó de tristeza mis días tuve el impulso de volver a Cataratas. Mi compañero no conocía, yo necesitaba explosión de vida y nuestra realidad nos lo hacía posible. Allá fuimos. Allá fui. Y allí estaba. Estaban. Una vez más la fuerza de la Naturaleza, de la Creación, me puso en el abismo de Lo Sublime. Volví a deshacerme para fundirme en esa grandiosidad a la que pertenezco y me pertenece. Me reencontré con Cataratas y en ellas con Delia y Dani, que estuvieron siguiéndome en cada paso.
Al volver de una de las excursiones a esa maravilla, encontré el lugar donde paré con mi amigo en aquellos tiempos de vacas muy flacas y juventud muy aguantadora.

Y al día siguiente, al volver de otra excursión, encontré este mail en mi casilla:
“Hola Stella !!! He leído uno de los poemas más bello y más cierto de mis 67 años de vida. Que felicidad haberlo encontrado y pertenece a tu hermana María Delia. No se el título pero el poema finaliza asi:
Si de morir vivimos
no vivamos muriendo,
vivamos de entregarnos...
Clavemos las pupilas
en quien quiera mirarnos,
apretemos la palma
de la mano que pasa,
que escuchen nuestros gritos,
susurros o palabras...
Que se jodan la Muerte,
el Silencio y la Nada...
(para Stella - 1988)
MARÍA DELIA MATUTE
Soy trasplantado de corazón y me gusta dibujar retratos. Ese poema me dejó tan emocionado que como retribución a tanta energía que me llegó quisiera humildemente retribuirla con un dibujo de la autora. A quien sin conocer quiero y admiro.Obviamente que me informé de ella y de vos y también de la obra de ambas. Lo que te pido de ser posible me envíes por este medio algunas fotos que te agraden de tu hermana para poder hacer el trabajo si no tienes oposición. Figuro en facebook como Oscar Quaglia que es mi nombre y vivo en San Francisco -Córdoba. Desde ya muchas gracias !!!! Abrazos!!!!!

¿Casualidad? ¿Causalidad? No lo sé ni me importa. Para mi es el poder de la Naturaleza que me encuentra con mi dios y desde ahí con mis ausentes amados. Un detalle mas es que mi madre solía repetir con la severidad tierna que la caracterizaba: “Nadie debería morirse sin conocer Cataratas”. Ella también estuvo ahí.

Para dar corolario y brindarme otra señal, por si fuera necesario, mientras elegía y editaba las más de cuatrocientas fotos que sacamos, de golpe apareció esta: 
Misterios de la vida. Generosidad de la naturaleza. Ayuda que mi alma recibe desde Cataratas. Fusión natural, ritual e inconcreta. 


Quien tenga ganas de verlas, aquí están publicadas todas las otras fotos de nuestro viaje. Registro de nuestro paso por allí. Por lo Divino, lo Sagrado, lo Sublime:



lunes, 20 de febrero de 2017

"...NO HAY SALVACIÓN SI NO ES CON TODOS..."


La actriz convocada tendrá, seguramente, muchas coincidencias conmigo. En principio, será mujer y actriz. Y deberá meterse en la piel de un personaje que lucha por sus derechos. Es más, de una mujer que lucha por sus derechos, lo que no es un detalle menor. Por eso anido la esperanza –involuntaria, inevitable- de que la actriz que encarne a Laura, el personaje que yo estaba ensayando en “El Padre”, me llame para escuchar mi versión de los hechos.

Ha pasado algo más de una semana desde que me dejaron fuera del proyecto “El Padre” para el que estuve ensayando desde el 10 de octubre de 2016 hasta el viernes 10 de febrero sin receso más que la semana de las Fiestas, día en que recibí un sorpresivo, inesperado y artero mail del director del proyecto, Marcelo Velazquez, comunicándome que me desvinculaba del espectáculo. Casualidades en las fechas: 4 meses exactos. Ahora digo deliberadamente “me dejaron fuera del proyecto” porque si bien el mail está enviado y firmado por el mencionado director, la actitud del resto del elenco que me acompañaba en ese trabajo (Edgardo Moreira, Ana María Castel, Luis Gasloli, Santiago Molina Cueli y Blacky Di Desiderio -exeptúo a María Viau porque se desvinculó del proyecto y a Enrique Dumont porque me llamó para escucharme-) me hace pensar y sentir que ha sido una decisión conjunta.

El correr de los días me fue enfrentando a diferentes sentimientos: asombro, hilaridad, dolor, angustia, enojo, ira y otros que no vale la pena mencionar. Una vez acomodadas algunas sensaciones intenté protegerme legalmente acercándome a mi Sindicato con la esperanza de que allí encontraría la contención necesaria. Error. Allí me dijeron “no podemos hacer nada”. Es más, en la Secretaría Gremial ni siquiera me quisieron firmar el “recibido” a la carta con adjuntos que dejé para mi descargo. La razón para esta respuesta es que la sociedad accidental de trabajo en la que me encontraba no llegó a conformarse como cooperativa teatral registrada en la Asociación Argentina de Actores. No cuentan ni los mails de convocatoria al proyecto y a los ensayos, ni las fotos que se han publicado en las redes sociales difundiendo que estábamos ensayando, ni el grupo de whats app que el equipo mantenía para las comunicaciones cotidianas (y del que fui “eliminada” el martes 14) ni el mail con el cronograma de ensayos del 1º de marzo al 12 de abril que me mandó el director el mismo día que me envió el de despido. Nada de eso sirve. Nada de eso cuenta. A la hora de una injusticia este es el estado de indefensión con el que contamos las actrices y los actores que trabajamos en el llamado teatro independiente. Léase bien: TRABAJAMOS. Porque eso hacemos aunque ni nuestro Sindicato nos lo reconozca.

Buenos Aires ha estado a punto de ser nombrada “Capital Mundial del Teatro”. No recuerdo en este momento por qué no se concretó ese nombramiento y tampoco vienen al caso esas razones. Pero lo cierto es que la Ciudad de Buenos Aires ES la Capital Mundial del Teatro de hecho y por derecho propio. Porque no hay otra ciudad en el mundo que tenga prácticamente un teatro por cuadra funcionando y ofreciendo espectáculos diariamente. De esos espectáculos, entre el 70 y el 80 por ciento son del circuito independiente. O sea una amplísima mayoría. Y todas esas actrices y todos esos actores están, estamos, en ese grado de indefensión y desprotección del que hablo más arriba.
Es apabullante la cantidad de mensajes que he recibido contándome situaciones parecidas, tanto o más injustas. Un detalle: todas mujeres. Y la mayoría me pide que no dé a conocer ni sus casos ni sus identidades. Porque tienen miedo. Yo también tengo miedo, a qué negarlo. Pero a mí me resulta inadmisible no denunciar la situación. Porque siento que únicamente denunciando se puede tener una esperanza de que esto se modifique. Lo que me pasó a mí no me pasó a mí: nos pasa a todas y todos los que la yugamos en estos territorios. Y únicamente considerando eso, que nos pasa a todas y todos, podremos hacer algo para modificarlo.

Creo que la Asociación Argentina de Actores tiene que hacer una revisión profunda sobre los derechos y obligaciones de los integrantes de una cooperativa de teatro más allá de que esa cooperativa esté registrada o no al momento de un conflicto. Porque la tarea es de hecho y tiene entidad propia. Todas y todos los que trabajamos en esta modalidad sabemos bien que la cooperativa no se registra hasta unos días antes del estreno. Entre otras muchas cosas porque para registrarla se necesita el contrato de sala. Las y los integrantes de una cooperativa ensayan y trabajan mucho antes de registrarla en Actores. Esto es un hecho. Esto es lo que sucede. Por lo que Actores no puede darse el lujo de contestar “no podemos hacer nada” frente a un conflicto de uno de estos grupos de trabajo. Porque –y también todas y todos lo sabemos- siempre se puede hacer algo. SIEMPRE. Aunque no sea algo “legal”, siempre está la posibilidad de hacer algo que tenga que ver con lo moral y lo ético. Sobre todo en una actividad que está basada –o al menos así era- fundamentalmente en lo moral y lo ético. Esta actividad está basada –o al menos así era- en códigos. Si esos códigos desaparecen, esa actividad toda está herida de muerte.

Todas y todos los que hacemos teatro “en cooperativa” estamos en riesgo. Estamos indefensos y desprotegidos. Nos queda una única herramienta: sernos leales y fieles. Volver a basarnos en códigos. Y defendernos y apoyarnos entre nosotros. Sería una buena cosa. Y tal vez hasta logremos modificar algunas reglamentaciones que nos expulsan.

Agradezco profundamente a quienes entendieron que esto que me pasa no me pasa sólo a mí y se han acercado solidariamente a apoyarme. Desde lo personal pero fundamentalmente desde el trabajo. He recibido muchísimo apoyo y muchos abrazos. Hay colegas que hasta han tomado como propia esta bandera. Aprovechemos este impulso para delinear un camino que nos contenga.

Por último vuelvo al principio. Habrá, necesariamente, una actriz que me reemplace. De hecho sé que ya hay una convocada que tiene un montón de coincidencias conmigo (mujer, capricorniana, actriz, madre, luchadora). Ojalá coincida en algo más: en sentir que tiene, al menos, la obligación moral de escuchar también mi versión. Y que lo que me pasó a mí en este proyecto puede pasarle a ella en el próximo. O en este mismo, vaya una a saber…


miércoles, 4 de enero de 2017

No debería ser cierto. Chau Salo querido.

Salo era un gran amigo de sus amigos. Tuve el privilegio de saberlo en carne propia.
Salo era un hacedor de amores. Un multiplicador de quimeras. Un gran padre de su hijo. Un gran compañero de su Silvia.
Salo acarreaba en su mirada el exacto color de la bondad y provocaba risas con su risa. Su abrazo siempre apretujaba corazón a corazón.
Salo tenía un primo que se llamaba Salo y que vivía en Israel y cumplía años el 19 de enero. Por eso, cada 19 de enero me llamaba y me decía: "como hoy es el cumple de mi primo te llamo para desearte feliz cumpleaños"... Y reíamos. O yo le escribía unos días antes y le decía: "vení el 19 a festejar conmigo el cumple de tu primo". Y cada 11 de setiembre yo le cantaba el "Himno a Sarmiento" antes de decirle "feliz cumple". Sencillas ceremonias, casi tontas, de celebrar la amistad.
"¿Hay mate?", solía proponer en una llamada inesperada y se venía, años atrás, delicia en manos a conjugar la vida en confesiones.
Fue apoyo elemental durante la infancia de mi hijo. Ahí estaba cada vez que era necesario.
Fue amigo y uno de mis mejores compañeros de elenco. Generoso, solidario, cariñoso, tanto abajo como arriba del escenario.
La vida, esa impostora, no nos juntaba mucho últimamente. Vino la muerte, otra impostora, a traérmelo para siempre al centro del pecho.
Me cuesta creer que no volveré a encontrarlo en una esquina distraída de esta más distraída ciudad de soledades. Abrazarnos como cada vez; prometernos encuentros sin horas para charla sin demora.
"Ante el portal" se llama su libro y allí describe cómo eran sus encuentros con dios. En esa vida que fue lo que fue su vida: un hermoso laberinto de amistades, amores y pasiones. Laberinto del que ya nunca escapará porque es imposible escapar de los recuerdos. Ahora me encontraré con él a mi antojo y ocurrencia. Cada vez que se me de la gana. En uno de sus regalitos, en esa foto añeja, en aquella tarjetita o en ese encuentro con dios que él mismo aquí describe:

Mi encuentro con Dios
no ha sido nunca en una nube,
ni en una plácida playa,
ni en silencio.
Ni con aromas a jazmines ni a sahumerios
ni acunado por coros celestiales.
Mi encuentro
con Dios
jamás sucede en la quietud del loto,
ni en la contemplación del Nombre
ni en la visión de Su mirada.
Se trata del volcán,
de las angustias,
del plexo agrietado por donde asoma
el alma
a tomar aire.
Mi encuentro con Dios
es siempre un trémulo decir de las palabras,
las imágenes crispadas
en los sueños,
la paz llegando a cascotazos
hasta abrir mis corazas y entregarme.
Pero hubo
(hay) milagros
mientras tanto.
La certeza de la Verdad en una imagen,
en una sensación,
en un recuerdo donde Dios
toma la dimensión de mis dolores y mis calmas,
de mis alegrías y mis muertes,
de mis pellizcos en el alma
para mantenerla despierta y que me salve.
Y que aparece
de pronto
en ese territorio ancho y generoso
entre la vigilia y el sueño.
Y la vida
es lo que Es.


(Salo Pasik - de su libro "Ante el portal")

Maldito 3 de enero de 2017.